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El Siglo de Oro de la Marina Catalana

29-04-2015

En 1778, la firma del Decreto de Libre Comercio con Amèrica permetia al fin, que los comerciantes catalanes pudieran desarrollar su actividad comercial con el Nuevo Mundo, afianzando las bases de la revolución industrial y de la recuperación económica. De este modo, este empuje supuso el desarrollo de la flota mercante catalana, dando lugar a lo que se conoce como el Siglo de Oro de la Marina Catalana.

El discreto comercio que Cataluña había mantenido con América durante el siglo XVI y XVII era debido a la política proteccionista española que obligaba a canalizar toda la actividad comercial a través del puerto de Cádiz. La firma del Decreto de Libre Comercio con América permitió sin embargo, que desde Cataluña, poco a poco se organizara la salida directa de barcos hacia América teniendo como única obligación parar a Cádiz para registrar la carga. De esta manera, Cataluña se fue conformando como primera potencia de exportación de productos nacionales, consolidando su flota mercante como una de las más importantes de la época.

El empuje del comercio catalán surgió de la recuperación que experimentó la agricultura y de la canalización que se hacía del excedente hacia el nuevo mercado americano. La demanda de ultramarinos reorientó de esta manera buena parte de la producción hacia la exportación, especializándose algunos cultivos y alimentos elaborados como el vino. Además, se exportaban aguardientes, indianas, vidrios, cerámicas, artículos de cuero, productos metalúrgicos, papel, etc. Igualmente, nuevos productos como el cacao, la madera y sobre todo el algodón y la caña de azúcar irrumpían en Europa y se iban incorporando a la dieta cotidiana.

Sin embargo, a finales del siglo XIX, el vapor y otros avances técnicos arrinconaron la flota velera catalana incapaz de incorporar nuevas tecnologías, a la vez que la pérdida de las colonias españolas supuso el cierre de muchos mercados para los productos catalanes.

La construcción de la flota mercante catalana:

Uno de los condicionantes clave que permitieron el desarrollo de la actividad comercial, fue el desarrollo de la flota mercante.

La nueva burguesía mercantil impulsó la construcción de barcos en todos los astilleros de la costa catalana: Barcelona, ​​Mataró, Blanes …, muchas de las cuales desaparecieron con la aparición de las naves a vapor. Fue en poblaciones como Barcelona, ​​Masnou, Mataró, Arenys, Canet, Blanes, Lloret o Sant Feliu de Guíxols donde se experimentó una actividad muy grande de construcción naval.

La construcción de barcos se hacía en los astilleros que se situaban en las playas. En esta actividad se necesitaban cientos de personas, y no hacían falta unas instalaciones sofisticadas, tan sólo eran necesarios buenos carpinteros de ribera que transmitían el conocimiento de generación en generación, y también había mucha madera.