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Navegar en Croacia

28-02-2014

Era mi primera visita a Croacia y yo estaba emocionado. Hay un millar de islas a lo largo de la costa de Dalmacia , y nuestro avión hizo su aterrizaje en Split. No puede haber una mejor manera de conocer este país que a bordo de un velero recorriendo la costa Croata.

Mis tres hijos adolescentes habían crecido varios centímetros  desde la última vez que navegamos y ahora se peleaban por los mejores camarotes.  Colocamos todos los pertrechos en sus lugares. La ropa de la maleta en los armarios, la comida ehacinada en la nevera.

“Tienes que ir aquí y aquí”, escribió con entusiasmo en mi hoja de ruta un amigo que ya recorrió buena parte de la costa dálmata, los nombres de sus konobas favoritos (tabernas tradicionales) y lugares para el buceo eran mi ruta preestablecida.

Agosto es la época más ocupada en Croacia, y hicimos una ruta de lugares de amarre que reservamos anticipadamente para no tener una sopresa de falta de amarre cada día. Para el marinero dedicado esto era frustrante ya que las mañanas eran invariablemente de calma mientras el viento se levantaba temprano en la tarde justo cuando íbamos  en camino. Más importante aún, significa que tuvimos que renunciar a largos almuerzos en bahías tranquilas , algo que habíamos disfrutado en Turquía y Grecia . Sin embargo , todavía nos las arreglamos para visitar 16 islas y para abarcar más de 300 millas.

Al principio, nos llamó la atención ir hacia el norte por el Parque Nacional de Krka , en dirección al pintoresco puerto de Skradin . El puerto era nuestro primer sabor de glamour croata: en el muelle varios yates súper de súper lujo. Sus tripulaciones libres estaban s en las pasarelas armados con walkie- talkies . Hasta altas horas de la noche, los sistemas de música eran un estruendo que sacudía el muelle. De la talla de Roman Abramovich y la princesa Carolina de Mónaco se encontraban por estas aguas, nos dijeron.

Norte de Skradin , las islas Kornati – vimos salir del agua un grupo de ballenas, color gris paloma y ocre amarillo. La escasa vegetación no es bueno para el pastoreo de ovejas y la apicultura, pero el turismo ha insuflado nueva vida en el archipiélago, y  muchos elegantes yates fondean en sus bahías . Vrulje es la más grande de las islas, encantadora, con agua limpia y un grupo de casas de piedra en su haber. Subimos por una ladera rocosa escarpada en la madrugada, dejando a un lado los burros para una vista estupenda sobre las islas.

Desde este punto nos dirigimos hacia el sur de nuevo y a cada isla encontramos algo especial. Toni nos había dicho de ir a buscar Vouani y su pequeño restaurante, escondido en una calle trasera del pueblo. Una bicicleta oxidada colgaba sobre el lavabo, y utensilios de cocina adornaba un árbol por el horno que estaba al aire libre. Vouani nos preparó Peka, un plato tradicional de cordero (o pescado) guiso cocinado bajo tierra batida durante varias horas.

Vis fue lo más destacado , un lugar enriquecido por los invasores a través de los siglos : los griegos , turcos , venecianos y los británicos que introdujeron el cricket a la isla en el siglo 19. Vis fue cerrada a los extranjeros hasta 1989, y sigue siendo sorprendentemente virgen. Estábamos amarrados en el muelle en Kut, un encantador pueblo de pescadores que se une a la ciudad de Vis, donde más palacios flotantes estaban amarrados al muelle.

Nuestras siguientes paradas fueron las islas de Hvar y Korcula, que estuvieron sobradamente a la altura de las expectativas de nuestros adolescentes. En Korcula encontraron un club genial donde se escuchaba música de los setenta, mientras que en Hvar regresaron a las 6.30  satisfechos de sí mismos después de una noche en los mejores clubs de Croacia VIP como el Carpe Diem club. Los miembros del grupo de más edad encontraron tiempo para visitar esta exquisita ciudad  temprano en la mañana, cuando sólo los lugareños están despiertos; dejamos caer el ancla en el puerto, tomamos tierra y nos sentamos en la plaza vacía bebiendo cappuccinos cremosos.

El exuberante verde de Mljet (favorito del príncipe Carlos y Stephen Spielberg, al parecer) donde alquilamos bicicletas para dar una vuelta  alrededor de una hermosa laguna interior y el monasterio. Luego nos topamos con la pequeña isla de Scedro y el idílico Konoba Lovisce.

“Tenemos que seguir adelante , si queremos entrar en la marina de St Klement”, alguien murmuró mientras comíamos pan recién horneado, jamón y queso de la zona bajo una pérgola.